Agro : CONICET-UNL impulsan la innovación forrajera con el lanzamiento de Munay y Yachay
03/03/2026
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Un equipo científico de CONICET y la UNL desarrolló dos nuevas variedades de trébol de color blanco capaces de prosperar en suelos difíciles. Esta innovación, que llegó al mercado gracias a una alianza público-privada, busca potenciar la producción ganadera y restaurar la salud de los suelos en la región.

Investigadores del Instituto de Ciencias Agropecuarias del Litoral (ICIAGRO Litoral, CONICET-UNL) y de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Litoral (FCA-UNL) lograron posicionar en el mercado dos nuevos cultivares de Melilotus albus: Munay y Yachay. El desarrollo, fruto de más de dos décadas de trabajo científico en Santa Fe, busca ofrecer alternativas productivas en ambientes restrictivos, suelos de baja fertilidad, con estrés hídrico o salinidad.
El trébol de olor blanco es una leguminosa valorada por su rusticidad y su capacidad de fijar nitrógeno atmosférico, lo que contribuye enriquecer los suelos. Sin embargo, la oferta de semillas mejoradas era históricamente escasa. “Comparado con la región pampeana, la oferta de cultivares de leguminosas forrajeras para el norte de Argentina es escaso, a pesar de contar con muchas especies nativas con potencial forrajero”, señala Marcelo Zabala, investigador del ICIAGRO Litoral y docente de la UNL.
En ese escenario, el desarrollo de materiales adaptados localmente representa un avance estratégico para el sector ganadero. Y agrega el investigador: “además, estos cultivares son un ejemplo de cómo la ciencia pública genera innovación con impacto territorial”.
Articulación público-privada
Desde el año 2008, UNL y CONICET llevan adelante una línea de trabajo conjunto con la empresa Oscar Peman y Asociados SA, basada en la valorización de forrajeras nativas y naturalizadas. “Este convenio con la Universidad Nacional del Litoral nació a partir de una necesidad concreta del productor: contar con una variedad de melilotus que combine mayor producción de materia seca con mejor calidad forrajera, aportando eficiencia y estabilidad a los sistemas ganaderos argentinos.” declara la Ing. Agr. Rosalba Peman, gerente de I+D de Peman Semillas, empresa con exclusividad de comercialización de este material.
El acuerdo permite la multiplicación, comercialización y distribución formal del material, asegurando calidad genética y disponibilidad a escala. Esta articulación público-privada consolida el proceso de transferencia tecnológica, transformando años de investigación académica en una herramienta concreta para el productor.
Los resultados de ensayos en diferentes localidades Argentina confirman la buena performance de los cultivares desarrollados.
20 años atrás, el equipo del Programa de Documentación, Conservación y Valoración de la Flora Nativa (PRODOCOVA) inició tareas de colecta de recursos genéticos de esta especie en distintas regiones de Argentina. Ese material fue conservado y caracterizado en el Banco de Germoplasma “Ing. Agr. José Mario Alonso”, constituyendo la base de germoplasma del programa de mejoramiento. A partir de allí se llevó adelante un proceso sistemático de evaluación que se extendió por más de ocho años, hasta lograr 2 materiales con estabilidad y características agronómicas superiores. Finalmente, los cultivares Munay y Yachay fueron inscritos formalmente ante el Instituto Nacional de Semillas (INASE) en el año 2019.
Una novedad comercial: un blend
Otra innovación relevante es que ambos cultivares se comercializan en conjunto, como un blend que integra Munay y Yachay en una misma bolsa. Esta estrategia permite aprovechar la complementariedad de sus características: por un lado, el mayor crecimiento invernal y acumulación de biomasa de Munay; por otro, la mayor capacidad de rebrote de Yachay.
De este modo, el productor accede a un material más equilibrado, capaz de responder a diferentes momentos y estrategias de manejo dentro del mismo ciclo productivo.
Más genética disponible para una forrajera estratégica
"Munay y Yachay no solo representan el resultado de más de dos décadas de trabajo científico, sino también un ejemplo de cómo la ciencia pública puede generar innovación con impacto territorial", destaca Zabala.
En un escenario donde la sustentabilidad productiva demanda especies adaptadas, eficientes en el uso de recursos y capaces de mejorar el suelo, la ampliación de la oferta genética en Melilotus albus constituye una contribución significativa.
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